En la época de la dictadura franquista se considerada una vergüenza la maternidad de las mujeres solteras y sin una pareja masculina que asumiera la paternidad. Esto que hoy no conlleva ninguna trascendencia negativa y que a veces incluso es de elección voluntaria, entonces propiciaba la huída de la protagonista a otras poblaciones distantes donde asumía la maternidad de soltera con resignación o, como alternativa, se decidía mantener el secreto del embarazo para abandonar posteriormente el bebé a la puerta de alguna casa previamente elegida, si el bebé sobrevivía a un parto realizado clandestinamente con medios precarios. Sin olvidar, tampoco, la opción de la inclusa.
Es preciso recordar que en aquella época la sociedad y la propia iglesia estigmatizaban a la mujer soltera con la culpa del pecado y el desprecio, y el recién nacido se inscribía en el registro con el apellido de “Expósito” a falta del paterno.
Cuando se decidía mantener todo el proceso en secreto para donar el bebé después de nacer, la familia de adopción más apropiada era meticulosamente elegida para que pudiera darle todo el cariño y educación al bebé y que nada le faltara, y llegado el momento, la criatura se depositaba en la puerta al amparo de las sombras de la noche.
Son unas crónicas muy tristes que con el tiempo incluso se terminaban conociendo y que ahora afloran al ver ese capazo abandonado junto a un contenedor de basura en una céntrica calle de la ciudad de Vigo, una ciudad que tampoco quedó al margen de estas historias de la injusticia social y religiosa y donde también existieron inclusas, una de ellas conocida como “La gota de leche”.