Este viernes 4 de abril, David Martínez Álvarez, más conocido como Rayden, llega a Vigo para presentar su tercera novela, ‘El taller de los niños interiores‘. Tras ‘El acercamiento de la mujer cactus y el hombre globo‘ y ‘Votos en contra‘, el artista madrileño regresa con una obra que fusiona su característico estilo urbano con una profunda exploración psicológica. En esta novela, seis personajes, guiados por una excéntrica psicóloga, se enfrentan a sus traumas más íntimos para rescatar a sus “niños interiores”. Antes de la llegada de David a Vigo, en Vigoé hemos hablado con el músico y escrito para desvelar, de su mano, las claves de esta historia cargada de verdad, amistad y sarcasmo.
La música y Madrid, un pulso narrativo esencial
Para David Martínez, Madrid no es un simple escenario, sino un protagonista más en sus historias. «En todas mis novelas intento que Madrid, que es mi entorno, sea más que un simple telón de fondo; convirtiéndola así en un lugar donde situarse y a través del que moverse», explica. La ciudad, con sus calles, su caos y sus ritmos, se convierte en un reflejo de la identidad de los personajes. «Creo que para alguien que viva aquí, dependiendo de por dónde se mueva, es también parte de su día a día y un eje de coordenadas», añade. No es raro que lectores de sus obras lleguen a la capital para recorrer las rutas que describe, un fenómeno que sigue emocionándole.
La música, inseparable de su trayectoria como cantante, también impregna la novela. Cada capítulo arranca con un fragmento de una canción, «en crudo, descontextualizada, pero que cuenta mucho de lo que sucederá en él», señala David. Este guiño no solo rinde homenaje a su pasado musical, sino que actúa como una banda sonora implícita que acompaña a Tirso, Seila, Coral y el resto de los protagonistas en su viaje interior.
Guadalupe Camino y el rescate del niño interior
El eje de la novela es Guadalupe Camino, una psicóloga gestáltica sin convencionalismos. Su misión es guiar a los seis protagonistas hacia sus “niños interiores”, esa metáfora de las huellas inconscientes de la infancia. ¿Qué llevó al autor a explorar esta idea? «Pienso que todas mis novelas nacen de algo que ya he escrito y creo que El taller de los niños interiores comenzó a gestarse cuando escribí ‘A mi yo de ayer’», confiesa. Para él, enfrentarse a esas versiones infantiles es clave para entender el presente: «Cuando somos niños y aún estamos modelándonos es cuando recibimos multitud de información que nos conforma a medida que crecemos y comienza a ponerse el cemento duro que nos construye como personas».
Este proceso de introspección permite a los personajes revivir «las injusticias, las humillaciones o los sucesos que nos conforman como individuos en la actualidad». La novela, así, se convierte en un espejo donde los lectores pueden reconocerse, un camino hacia la supervivencia, la redención y la curiosidad por el futuro.
La mentira como escudo y la amistad como tabla de salvación
Los personajes de Rayden cargan con secretos y fachadas. Tirso preserva la habitación de su hijo fallecido como si el tiempo no hubiera pasado, Ovidio esconde su relación clandestina, Coral finge un éxito que no siente. ¿Son las mentiras un mal necesario? «Creo que esas mentiras llegan cuando nos enfrentamos a los objetivos que nos han marcado desde fuera. A esa meta de ‘debes hacer’ o ‘debes llegar’», reflexiona. Para el autor, estas falsedades surgen de la presión por cumplir expectativas ajenas, una lucha que él, como padre, intenta evitar con su hijo: «Mi intención como padre es no condicionar a mi hijo, eso no quiere decir tampoco que los niños hagan lo que quieran, deben tener unas normas».
Rayden reconoce un cambio generacional: «En la última década las cosas han cambiado; ahora no se ocultan los sentimientos como pasaba antes, ahora creo que los padres los escuchamos y los acompañamos». Una evolución que busca romper con las frustraciones que alimentan esas mentiras.
En un giro poco habitual, Rayden apuesta por la amistad como motor de redención en lugar del típico romance. «Creo que la amistad es una parte fundamental de nuestras vidas, es una de esas relaciones horizontales sobre las que todos nos mantenemos», afirma. Frente al cliché del amor romántico, opta por la madurez y la realidad: «Puedes ver a un amigo con el que llevas meses sin hablar, intercambiar tres palabras y que todo se retome desde el momento anterior sin necesidad de explicaciones o juicios».

Sarcasmo y verdad
Con su experiencia en la música, el periodismo y el mundo editorial, Rayden salpica la novela con un sarcasmo mordaz. Describe los programas matinales como “un bestiario de bótox” y se burla de los discursos vacíos en premios literarios o las fajas de libros con eslóganes grandilocuentes. Sin embargo, aclara que no se trata de un ajuste de cuentas: «En absoluto está escrito como un ajuste de cuentas a la industria, de hecho podría decirte que personalmente me encuentro en mi mejor momento con respecto a ella». Su tono es lúdico, incluso autocrítico: «En la novela me río incluso de mí mismo: yo llegué al mundo editorial a través de la poesía, con aquel boom en el que todos los músicos parecía que teníamos que tener nuestro poemario».
La novela comienza y termina con la frase ‘A la vida se viene a suceder’. ¿Han encontrado los personajes una forma de avanzar? «Cuando termino una novela, y pongo el punto y final a unos personajes, siento como cuando termino de ver una serie con muchas temporadas, me da pena e incluso lloro en la despedida», admite Rayden. Aunque no sabe qué les deparará el futuro, desea que «crecieran, se encontrasen y siguieran evolucionando».
David y Rayden, una dualidad en evolución
En un momento personal de reconciliación, Rayden reflexiona sobre su identidad: «Estoy en ese momento en el que David, el nombre que me pusieron mis padres, y Rayden, cómo me llaman mis amigos, están sucediendo a la vez». Esa dualidad se ha puesto de manifiesto hace tan solo unos días, cuando tras una entrevista en un medio de comunicación se daba a entender su vuelta a los escenarios, el propio Rayden nos lo contaba «comencé a recibir miles de mensajes a través de redes sociales; por un lado quienes se alegraban y se ilusionaban con mi regreso a la música, por el otro recibía comentarios tachándome de hipócrita, he haber dejado la música hace año y medio y ahora regresar… la realidad es que estoy jugando con ella, sin presiones, tan solo por el disfrute personal».
Con esta novela, Rayden no solo consolida su voz literaria, sino que invita a sus lectores a desenterrar sus propios niños interiores, a enfrentar las mentiras y a encontrar en la amistad un sostén frente a las tormentas de la vida. El viernes, Vigo será testigo de este viaje.