Galicia Nomeada, la plataforma colaborativa impulsada por la Real Academia Galega (RAG), ha alcanzado un hito histórico al superar el medio millón de topónimos georreferenciados en su primer lustro de vida. Este proyecto, que aúna tecnología y participación ciudadana, se ha convertido en un referente para la preservación de la toponimia tradicional gallega, un patrimonio inmaterial que corre el riesgo de desvanecerse con el paso del tiempo.
Con casi 4.000 usuarios colaboradores y cerca de 88.000 microtopónimos registrados por vecinos de todo el país, la iniciativa demuestra el poder de la colaboración intergeneracional y el compromiso colectivo con la identidad cultural.
Un archivo vivo de la toponimia gallega
Desde su lanzamiento a finales de 2019, Galicia Nomeada ha tejido una red de voluntarios que, desde sus móviles o computadoras, georreferencian nombres de leiras, regos, caminos, playas y fuentes, entre otros elementos del paisaje. El visor de la plataforma permite consultar y descargar más de 529.000 nombres de lugar, una cifra que combina los 38.000 topónimos de entidades de población del Nomenclátor de Galicia con los 403.000 microtopónimos recopilados entre 2000 y 2011 por el Proyecto Toponimia de Galicia (PTG). A estos se suman las aportaciones ciudadanas, que enriquecen cada día el mapa con nuevos registros.
El proyecto, coordinado por el Seminario de Onomástica de la RAG, no solo rescata denominaciones olvidadas, sino que también incorpora datos complementarios como audios con la pronunciación, fotografías o leyendas asociadas. Concellos como Vigo, con 6.681 aportaciones, Outeiro de Rei (3.959) o Navia de Suarna (2.974) lideran las contribuciones, mientras que otros 120 municipios ya superan el centenar de microtopónimos georreferenciados. En algunos casos, como A Illa de Arousa o Mondariz Balneario, más del 90% de los nombres provienen directamente de los usuarios, evidenciando la vitalidad de esta iniciativa.
Colaboración intergeneracional, el alma del proyecto
El éxito de Galicia Nomeada reside en su capacidad para movilizar a personas de todas las edades y perfiles. Abuelos que atesoran en su memoria los nombres de chousas y senderos se unen a nietos que, con un teléfono en la mano, los sitúan en el mapa digital. Esta dinámica intergeneracional no solo preserva el conocimiento oral, sino que lo proyecta hacia el futuro. Además, la plataforma ha calado en centros educativos, asociaciones y ayuntamientos, generando experiencias colectivas que refuerzan su impacto.
Entre los colaboradores más destacados figura Iván Sestay, un pontevedrés que ha registrado 17.360 topónimos, muchos en Vigo y otros municipios como Vilaboa o Cangas, su localidad natal. Le siguen Orlando Viveiro Veiga, con 3.984 microtopónimos en la provincia de Lugo, y Olivar Noenlle Vázquez, con 3.615 aportaciones en Bergantiños y Xallas. También brillan iniciativas locales como las de Vilar de Barrio, liderada por Laura Rodríguez Lorenzo; Padrón, con Pilar Lorenzo Campos al frente; o Barro, donde Sheila García Prado impulsa Nomea Barro, un proyecto que involucra a toda la comunidad.
Un mapa casi completo, pero con retos pendientes
La cobertura de Galicia Nomeada abarca prácticamente todo el territorio gallego, con 128 concellos que cuentan con al menos diez colaboradores. Municipios como Boiro, Zas o Ribeira destacan por su alta participación, a menudo impulsada por las charlas del programa Toponimízate. Falámosche dos nomes da túa terra, una campaña de la RAG y la Secretaría Xeral da Lingua que fomenta la implicación ciudadana. Sin embargo, aún quedan cuatro concellos sin usuarios activos: A Capela, Toques, Bande y Taboadela. De estos, solo Taboadela carece de registros, ya que los otros tres fueron estudiados en el marco del PTG.
La plataforma no solo amplía el legado del PTG, sino que cubre lagunas históricas. Lugares como Santa Comba, Negreira o Allariz, que no fueron analizados en su momento, ahora emergen en el mapa gracias a las aportaciones vecinales. Este esfuerzo colectivo demuestra que la toponimia gallega, lejos de ser un relicto del pasado, sigue viva y en constante evolución.
Más allá de los nombres: un legado cultural
Galicia Nomeada trasciende la mera catalogación de topónimos. Cada nombre registrado es una puerta a la historia, la geografía y las vivencias de quienes habitaron el territorio. La talasonimia, o estudio de los nombres del mar, también encuentra su espacio gracias a colaboradoras como Helena Domínguez, quien ha documentado la costa de A Illa de Arousa. Este enfoque integral convierte a la plataforma en un archivo vivo que no solo preserva, sino que también narra la relación de los gallegos con su entorno.
Con casi 4.000 usuarios y un crecimiento sostenido, el proyecto se acerca a su quinto aniversario como un ejemplo de cómo la tecnología puede aliarse con la tradición. Mientras el mapa se llena de pines, Galicia Nomeada sigue invitando a la ciudadanía a sumarse a esta tarea colectiva, asegurando que los nombres de la tierra no se pierdan en el olvido. En un mundo donde lo global a menudo eclipsa lo local, esta iniciativa demuestra que cada rincón, por pequeño que sea, merece ser recordado.