Si no fuera porque la guerra se siente demasiado cerca, la presentación del kit de supervivencia de la Unión Europea daría para unas risas. Pero si comentas con la familia, los amigos en el café o en el trabajo, cada vez son menos los que descartan absolutamente un conflicto bélico global. Pocos son categóricos ya: qué va, imposible, eso no pasará nunca, sería la guerra mundial definitiva, la última, el principio de nuestro fin, una locura impensable, no interesa a nadie. Sin embargo qué cerca están la Primera y Segunda Guerra Mundial en los libros de Historia y en la memoria.
Y qué lejos suenan los consejos a la población para el aprovisionamiento con el objetivo de sobrevivir un mínimo de tres días o incluso mucho más si nos lo tomamos muy en serio y comenzamos a hacer acopio de productos indispensables para escapar de las bombas. Ya está tardando Planeta DeAgostini en editar el primer fascículo de “hazte tu misil nuclear hipersónico. Primera pieza y botón rojo por sólo 3 euros”. A ver cuántos fragmentos somos capaces de completar hasta volar por los aires.
En dicho caso, sin duda serán muy útiles las cerillas o el mechero para encender las velas que le pongamos a la Virgen de los Remedios Imposibles. Aunque en el siglo XXI ya todos sabemos por las películas que podemos hacer fuego con dos piedras o frotando un palito. A falta del cuchillo de Rambo que pinchaba, cortaba y serraba, una navaja suiza, esa con la que nunca hemos conseguido hacer nada pero que tiene hasta sacacorchos, es indispensable. Las fábricas en el país helvético se han puesto a fabricar unidades en dobles turnos. Que no te pille el Armageddon sin ella, ni sin una radio AM –onda media- a pilas, esa que ya no puedes sintonizar en el móvil sin internet y que tiraste hace años porque las pilas terminaron por corroer las entrañas de ese trasto inútil.
Analizar cada producto recomendado puede ser hilarante, aunque ciertamente nos podría venir bien una tirita y un ibuprofeno casi en cualquier momento, siempre que consiguiésemos, con nuestro machete mellado sin afilar, asaltar una farmacia. Esperemos no tener que ver nunca a ninguna comisaria europea recomendar comprar una pala, para hacer un agujero y meter la cabeza, como las avestruces que piensan que el peligro no está si no lo puedes ver. Confiemos en que el sentido común triunfe más pronto que tarde y que la política con mayúsculas logre frenar este sinsentido mundial. Porque por lejos que pueda parecernos que la guerra total es imposible todo es posible para los locos que hacen real la y cercano al “homo homini lupus”, ese hombre lobo para el hombre. Que paren ya, que todos esos corazones llenos de monstruos y odio ardan por combustión espontánea. No queremos ver la muerte en los ojos de los hombres. No queremos que nuestros corazones se vuelvan de piedra.